CaubaUno

    Institucional BRINDIS POR EL PASADO, CONTINUIDAD HACIA EL FUTURO

    En el mes de noviembre de 2011 el entonces CAPBA1 tuvo la virtud de publicar el “Libro de los 25 Años”, que compilaba y daba testimonio de la evolución transitada por nuestra entidad; allí puede verse una primera reseña que nos remite al año 1929. En 1986 -a exiguos meses del advenimiento de la Democracia en el País- se sanciona la Ley Provincial 10.405 creando el Colegio de Arquitectos tal y como lo conocemos actualmente.

    Resultan felizmente inevitables los gratos recuerdos acumulados en nuestras memorias cada vez que pasamos por la Calle 10 entre 45 y 46 de la Ciudad de La Plata. Las nítidas imágenes que surgen, nos remontan a una sobria casa donde se dieron los comienzos de lo que posteriormente fuera la sede de nuestra institución. Hermanados en un objetivo común, muchos colegas diseñaron y militaron proactivamente para la creación del ámbito profesional que hoy nos contiene. Tuve el honor de ser invitado para expresarme en tal ocasión. Hoy día, quince años después y a cuatro décadas de aquella histórica colegiación, vuelvo a ser honrado con una semejante convocatoria para aportar mi ponencia.

    Luego de tanto tiempo transcurrido, es primordial reflexionar sobre algo mucho más profundo que lo meramente nostálgico. El Colegio ha dado cabida a muchas generaciones de dirigentes con variadas trayectorias, produciendo siempre aprendizajes y debates desde distintos enfoques. Pero en todo momento, con el afán de sumar voluntades en defensa de lo colectivo y gremial. Y sobremanera -desde cualquier espacio ideológico o intelectual- hacia un camino de esfuerzos compartidos.

    Aun hoy, más allá de las celebraciones y los reconocimientos, una pregunta sigue presentándose como desafío: ¿cuál es, en esencia, la razón de ser de una institución profesional creada por ley y qué justifica su permanencia a lo largo del tiempo? La respuesta es obvia pero contundente: ninguna profesión se ejerce en el vacío. Detrás de cada práctica responsable existe una comunidad de saberes, reglas, valores y compromisos que deben ser preservados y transmitidos. No es el CAUBA una entidad surgida solamente para administrar registros, visar contratos o regular éticas y actividades. Es un instituto nacido para custodiar una idea más profunda: la de que el conocimiento profesional implica un juramento indelegable para con la sociedad, su bienestar y su equilibrio.

    ¿En ocho lustros de vida, son suficientes los logros obtenidos? Claro que no lo son, porque ellos constituyen sólo arribos puntuales de una trayectoria sin fin. Siempre se puede mejorar. Siempre habrá nuevos retos para afrontar. Los arquitectos sabemos mucho de las dinámicas que imprimen las sociedades y sus productos culturales. Los desafíos encontrados a lo largo de estos años han demostrado la importancia de contar con organizaciones sólidas, capaces de adaptarse a los cambios.

    El mundo (y particularmente la Argentina) que, en aquel entonces, por la década “de los ochentas”, ya comenzaba a transformarse a una velocidad cada vez mayor, hoy adquiere un ritmo que pareciera inmanejable. Las tecnologías modifican hábitos y formas de trabajo; las demandas sociales se renuevan y los problemas -vistos como desafíos- albergan complejidades impensadas años atrás. Y el hábitat en medio de todo ello, como escenario complejo sobre el cual no podemos soslayar nuestro compromiso. Esto exige moverse con una aceleración que obliga a revisar certezas y a formular nuevas preguntas. Pero asimismo dar respuestas, porque exponerlas es también empeñarse con una dialéctica propositiva.

    La plausible y esmerada continuidad institucional no puede confundirse con inmovilidad. Sin dudas, el verdadero mérito de una institución no reside únicamente en sobrevivir al paso del tiempo, sino en conservar su identidad mientras encuentra soluciones para realidades cambiantes. Permanecer, sí, pero sin quedar detenida. Sostener principios, pero sin renunciar a la capacidad de aprender y evolucionar positivamente.

    Cada generación de colegas y regentes recibe una herencia construida por quienes la precedieron, pero también una tarea inconclusa. Los desafíos nunca desaparecen; simplemente cambian de forma. Allí reside la explicación más valiosa de la existencia de nuestra organización colegial: constituirse en un puente entre la experiencia acumulada y las necesidades del presente y del futuro. En ese equilibrio entre tradición e innovación anida uno de los principales desafíos para afrontar. Repensar estrategias, actualizar herramientas y fortalecer el vínculo entre nuestro cuerpo, los profesionales y la sociedad, deben ser los ejes de gestión que orienten las decisiones futuras, sosteniendo y fortaleciendo lo mucho y hasta aquí logrado.

    Los Colegios Profesionales perduran porque expresan una voluntad colectiva que ninguna persona, por sí sola, podría sostener en el tiempo. Son memoria y proyecto, condiciones inescindibles y omnipresentes. Y cuando cumplen cuarenta años, como en este caso, de ininterrumpida prestación ante los colegas y la esfera civil, más que celebrar una obra terminada, nos recuerdan que toda construcción asociativa es una conversación permanente entre lo que se ha logrado y lo que aún queda por hacer.

    Mantener la vigencia de nuestro querido Colegio requerirá la misma vocación de servicio, capacidad adaptativa y perspectiva de futuro que hicieron posible su trayectoria hasta aquí. Sobre esa base firme, el CAUBA tiene hoy el derecho y la posibilidad de continuar creciendo, consolidando su misión y reafirmando un papel primordial como referente necesario en el ejercicio de nuestra difícil labor pero también en lo atinente a las decisiones gubernamentales que impactan, de manera directa y principal, en la superior construcción de ciudades y territorios.

    Arq. Daniel Horacio Martínez

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